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Pequeño relato en primera persona de Miguel, nos cuenta sus miedos y fracasos y su esperanza de futuro.
En mi infancia nunca llegué a sospechar que podría llegar hasta esta situación, y hoy me pregunto qué motivos y circunstancias han tenido que coincidir para que me encuentre aquí. Sé que la mayor de la culpa es mía, porque tuve la posibilidad de elegir, y aun así lo hice mal. Mi padre era duro, muy duro, el quería que fuese el mejor en todo, hiciese lo que hiciese nunca fue bastante para el. Aunque el ejemplo que daba con su vida era poco ejemplar. Sé que me quería, pero a su manera, la verdad es que pocas veces lo demostraba, ¡cuantas veces echaba de menos un abrazo y un gesto de cariño que nunca llegaba!. En mi casa todo giraba en torno a él, y el dependía de la botella con la que se levantaba, hasta el punto que dejó de trabajar y vivía a costa de mi madre. Sus cambios de humor degeneraban en violencia, y nosotros éramos su objetivo. Esta situación acabó cuando debido al tipo de vida que llevaba falleció repentinamente. Toda esta situación me desequilibró profundamente, mi madre siempre trató de protegerme, me ayudaba en todo lo que podía, era mi escudo frente a mi padre, pero tras su muerte, nuestra relación cambió, ella seguía ahí pero yo no era el mismo. Vivía en una frustración permanente y traté de encontrar fuera de mi entorno lo que yo pensaba que me faltaba. Dejé el colegio, me tiraba días sin aparecer por casa, mi vida eran mis colegas de marcha, el consumo de drogas, las broncas y peleas estaban a la orden del día, y para mantener este ritmo de vida necesitaba mucho dinero, pero lo conseguía fácil, ya que se lo robaba a los demás.
Cuando volvía mi casa yo repetía lo que antes odiaba de mi padre, su violencia con mi madre. Las discusiones eran diarias, llegamos al extremo límite así que, me echó de casa. Con dieciocho años me ví en la calle, solo y con un horizonte muy negro. Me fui a vivir con mi abuela con un propósito el de salir del mundo en el que estaba sumido y buscarme la vida de otra forma. Traté de entrar en el ejército pero no me fue posible, asi que dependía totalmente de ella y esta situación tampoco me gustaba. Volví a relacionarme con mis antiguos “colegas” y ellos me dieron “trabajo” . Empecé a ganar dinero fácil, pero volvió todo lo que había intentado dejar antes. Cada vez estaba más enganchado a las drogas y a la violencia, con ellos me sentía “alguien”, y encontraba el calor que nunca tuve en mi casa –ahora me doy cuenta que estaba tremendamente equivocado -. Como todo me iba tan “bien”, dejé la casa de mi abuela, puesto que no quería que ella supiese que había vuelto a las andadas, después de lo que había hecho por mí. Más tarde ,me trasladé con un “compañero de trabajo” pensando que esa era la solución más adecuada para mi “nueva vida” pero seguí cuesta abajo en todo, sin embargo en esos momentos no lo percibía como ahora. Dejé atrás a mi familia, a mis antiguos amigos del colegio-cuanto los echo de menos-.En aquel momento, tenía dieciocho años y creía ser alguien, a costa del dolor que produje a muchos y a otros que se acercaron a mí para ayudarme y sintieron mi rechazo. Tengo una segunda oportunidad que espero no desaprovechar, no solo por no decepcionar a la gente que me quiere, sino por mi, para no decepcionarme a mí mismo. Quiero demostrar que soy capaz de salir adelante sin miedo de esta senda oscura en la que estuve metido donde no había futuro.
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