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Pequeño relato de las peripecias de un joven marroquí en su afán de cruzar el Estrecho y comenzar una nueva vida en España.Un reflejo del drama de la emigración del Magreb hacia Europa con las connotaciones de indole social y humano que ello conlleva. Mohamed y Rashid son dos críos, apenas llegan a los trece años, pero tienen ganas de aventura, llevan varias semanas planeando escapar de su pueblo, Beni Mellal, con rumbo a Tánger, y de allí un viaje incierto con destino a España. Es su sueño, su esperanza y su futuro, sin importarle lo que tengan que pasar para conseguirlo. Mohamed, ya tiene a sus hermanos en la península, son los que lo animan a que haga lo mismo que hicieron ellos en otro momento. Después de doce horas de autobús llegan a Tánger, con poco dinero y muchas ilusiones, pensando en como lograran pasar la frontera, tarea nada fácil y peligrosa. Allí se encuentran con vecinos y amigos que tratan de hacer lo mismo que ellos. Deambulan por las calles durante el día, pidiendo, comiendo lo que pueden y durmiendo de noche en improvisadas chabolas.
Después de varios días en estas circunstancias, su amigo Rashid , está desilusionado y cansado, llama a su madre para que venga a recogerlo y Mohamed se queda sólo.El método de pasar la frontera consiste en esconderse en los bajos de un camión durante bastante horas ó colarse en un contenedor de mercancías y exponerse a morir asfixiado, todo ello bajo la férrea vigilancia de la policía. Pero a el nada de esto parece importarle, consigue entrar en el puerto, y esconderse en una caja de cartón, de la que salió tras dos largas horas, bajo un calor asfixiante, y en esos momentos de respiro, lo sorprende la policía. Lo llevan a la comisaría del puerto, y le dan un billete para que vuelva a casa, dejándolo en la estación de autobuses. Mohamed vende el billete, y sigue con sus planes de pasar la frontera. A la entrada del puerto de Tánger hay un semáforo, se aposta esperando la oportunidad de colarse en los bajos de los muchos camiones que allí paran, hasta que consigue hacerlo, y volver a entrar al recinto portuario. En ese pequeño hueco se acomoda como puede, rodeado del ruido atronador del motor y el peligro real de caer a la calzada llena de baches, consigue pasar de nuevo. Pero esta vez, la experiencia de la vez anterior le hace ser más cauto, y no se mueve, temiendo ser descubierto. Tras más de dieciséis horas de espera ,el camión arranca hacia la aduana, para embarcar en el ferry hacia Algeciras. El miedo le sobrecoge, cuando nota como la policía inspecciona los bajos del camión, pero tiene suerte y no lo descubren. Tras la travesía del Estrecho, llegan al puerto algecireño, y de nuevo controles de la guardia civil, también le sonríe la fortuna, y pasa desapercibido, y por fin llega a su ansiada meta :España. Su accidentado viaje aún no ha acabado, sale del camión aprovechando la noche, su cuerpo está entumecido, y tirita de frío. Sale del puerto , saltando una valla metálica, y se pierde entre las calles, se esconde en un portal para pasar la noche, pero un vecino llama a la policía y es detenido, siendo trasladado a un centro de acogida por ser menor de edad. Después de dos meses de estancia, le recoge su hermano. Desde el coche, subiendo desde Tarifa, desde donde se ve una vista esplendida del Estrecho de Gibraltar, Mohamed mira hacia el mar, allí entre las brumas se atisba Marruecos, y una sonrisa le inunda la cara, está en el otro lado. Hoy es feliz.
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