Pequeño relato de la experiencia vivida por un joven y las valoraciones personales sobre la misma.

David trabaja en una pequeña empresa familiar, vive con sus padres y su pasión es el deporte. Desde muy joven le han gustado las artes marciales, sobre todo una disciplina llamada Muay thai, que se caracteriza por formar el cuerpo y la mente. Todas las tardes al salir del trabajo va a un gimnasio donde tiene un grupo de amigos que comparten la misma pasión que el por este deporte.
Con diecinueve años es el líder de su grupo, tiene coche, trabajo y una novia que le baila el agua. Pero el no se siente satisfecho con lo que tiene, quiere más, sin importarle de donde salga, y lo que tenga que hacer para conseguirlo.
Cuando salen del gimnasio se reúnen en un bar, y hacen planes. La mayoría de sus amigos viven en barrios marginales y su horizonte más próximo es el paro y la marginalidad. Pero son sus “colegas” y con ellos hasta donde haga falta.
Empiezan a moverse por el laberinto incierto de las drogas de diseño y los pequeños robos. Todo le va saliendo bien.
Él sigue llevando su rutina diaria con su padre en el trabajo, sin levantar ninguna sospecha de lo que hace en su tiempo libre. Pero esta carrera sin meta se acaba un día que lo paran en un control y todo se viene abajo.
Cuando llama a su casa desde la comisaría, donde está detenido, la sorpresa de sus padres es mayúscula. Sus amigos lo han dejado sólo, sus “colegas” no lo eran tanto.
En la celda piensa, reflexiona, es la primera vez que se ve así, rodeado de gente extraña. Su futuro es más incierto que nunca. Pero también es tiempo de valorar lo que se ha tenido y por ese afán de llegar a más desde esos caminos inciertos que la vida te propone tantas veces de una forma tan fácil y divertida. Un juego donde todo es riesgo, pero del que no nos damos cuenta hasta que llegamos al extremo de ese sendero tan estrecho del que no podemos escapar.
El luchador de artes marciales tiene ahora una pelea diferente, una lucha consigo mismo, el adversario más cercano y más desconocido; enfrentarse al espejo de su propia realidad.
Ahora afloran los sentimientos más que nunca, puesto que en otros momentos no había tiempo de expresarlos. Siente que ha decepcionado a su familia, a su novia y a todos los que lo quieren, pero ellos siguen con él, su apoyo no le falta. En ese “paréntesis de tiempo", por llamarlo de alguna forma, se lo han demostrado, día a día, y eso da mucha fuerza para seguir adelante.
Ahora es importante aprender de lo fallos y no recaer, ser feliz con lo poco que se tenga. Valorar la familia, la mujer, el trabajo y los amigos de verdad. No hace falta tanto para ser uno mismo sintiéndose libre.
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